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January 10 Por carretera.Viajar en carretera me causa sensaciones ambivalentes. Por un lado suelen ser peligrosas y por otro ofrecen paisajes variopintos, encuentros sorpresivos. Lo que más me gusta, empero, es la elasticidad de un tiempo que permite saludar recuerdos, discos, libros, etcétera. Tales visitaciones hice durante la semana pasada cuando, intempestivamente, Marión y yo abrimos un paréntesis para olvidarnos de todo. Pero… ¿hacia dónde viajar? Lo decidimos a última hora. Salimos rumbo a Querétaro para visitar a unos amigos que viven en San Isidro. De camino Marión me leyó un estupendo artículo de Carlos Monsiváis en la nueva revista española Zumba, sobre José Alfredo Jiménez: “Queda claro”, dice Monsi, “José Alfredo, ligado en sus comienzos a la industria del nacionalismo cultural, ha superado la condena (producto de una época) y es parcialmente responsable de la invención de un pueblo y de un estilo nacional”. Pésele a quien le pese. Llegando a nuestro primer destino, cuando apenas nos adentrábamos en la tranquilidad del vino tinto, sobrevino el contratiempo: atropellaron al perro que durante meses rondaba los exteriores del jardín de mis amigos. Lo rescatamos y llevamos al veterinario. Esto sirvió de pretexto para meternos a un restaurante asiático y proseguir los cuatro con una velada que terminaría en más vino y una sesión de DVD’s de Tori Amos y David Byrne. Chingón. Al día siguiente partimos rumbo a Guadalajara. En la carretera nuevamente escuchamos a los Red Hot y a Rage Against The Machine, tanto como el disco Fragile de Yes (hacía años que no lo escuchaba, qué gusto, qué gozo). Ya en tierra tapatía, visitamos a mías tías y primas en lo que fue un encuentro digamos… intenso. Corrió el tequila, corrieron las fotografías (aquí les pongo una que desconocía de mi abuelo Juan José entre gomeros de Buenos Aires) y corrieron las anécdotas… luego nosotros corrimos a las Karnes Garibaldi para rematar la noche, pues Marión no había probado esta especialidad de Guanatos. Amaneció y nos fuimos a Puerto Vallarta adonde un amigo, gerente de un hotel, nos esperaba. En el trayecto hicimos escala en Tequila para abastecernos con el mejor elixir de los dioses y, mientras Marión me leía algunos artículos de la brasileña Clarice Lispector, el agave azul hacía de las suyas ante mis ojos asombrados. Qué maravilla carajo. “El camino lento aumenta su valor secreto”, dice Lispector. Lo de Puerto Vallarta fue ambivalente también. Mi amigo se portó magníficamente, aunque este concepto del “todo incluido” sea tan terrible (todos bebiendo y comiendo como si se fuera a acabar el mundo). Sin embargo, la parte vieja del pueblo llamada Romántica, allá en la zona gay, resultó un descubrimiento. Hace años que no iba a este puerto. Ahora tiene muy buenos restoranes, galerías y tiendas de todo tipo y para todo presupuesto. Ahí nos hicimos de un precioso y enorme cuadro huichol y de un pequeño retablo peruano de miniaturas hechas con fécula de papa cocida y pintadas a mano. Y bueno, tras tres días en la playa (la que logré soportar gracias a mi bajo y al poeta José Carlos Becerra, pues no me gusta tomar el sol ni nadar en el mar) regresamos a Guanatos y de ahí al DF, cobijados por la acidez del argentino Roberto Arlt, de quien finalmente publicaron los cuentos completos el año pasado. Muy a la manera de sus novelas Los siete locos o Los lanzallamas, en sus relatos breves circulan innumerables antihéroes, seres en busca de una felicidad perdida entre la resignación del fracaso: “No te diré nunca cómo fui hundiéndome, día tras día, entre los hombres perdidos, ladrones y asesinos y mujeres que tienen la piel del rostro más áspera que cal agrietada”. En fin… éstas, entre otras, son las razones por que no publiqué nada aquí durante una semana. ¿Alguna experiencia vacacional? Saludos. Post Data. Contesto a la pregunta: nunca me he puesto a pensar qué canción de La Barranca me gusta más tocar… pero “Madreselva” definitivamente es una de mis favoritas. (En su coro incluí una idea tipo stick que me late mucho.) De hecho hicimos una versión en vivo para la cual desarrollé arreglos rítmicos y “obligados” basándome en su estructura esencial, pero para que fueran tocados al unísono entre una de las guitarras y yo durante la introducción y la parte media. Ojalá la hayas escuchado alguna vez. aL Comments (14)
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